julio 5, 2026

One Health: una sola salud para un solo planeta - Cuarta Parte

One Health: una sola salud para un solo planeta - Cuarta Parte

La sociología del paradigma — por qué los silos no son accidentes


Hay una pregunta que la historia intelectual de One Health tiende a responder con demasiada facilidad: ¿por qué tardó tanto el mundo en tomar en serio una idea que Virchow ya formulaba en el siglo XIX?

La respuesta fácil es que las ideas correctas tardan en imponerse. Que la inercia institucional es poderosa. Que el cambio cultural es lento.

Pero la sociología ofrece una respuesta más precisa — y más incómoda: los silos disciplinares no son accidentes históricos ni fallas de comunicación. Son construcciones sociales deliberadas, producto de grupos profesionales que compiten por recursos, estatus y autoridad. Entender esto es el primer paso para superarlo.


Las profesiones como grupos de interés

El análisis sociológico de las profesiones tuvo durante mucho tiempo un sesgo optimista: las profesiones se definían por sus rasgos — conocimiento especializado, código ético, autonomía, servicio público. Bajo esta visión, la separación entre medicina humana y veterinaria era simplemente el resultado de la especialización del conocimiento. Cada disciplina encontró su territorio natural y se instaló en él.

El enfoque neo-weberiano, sistematizado por el sociólogo Mike Saks, propone una lectura diferente. Las profesiones no son solo comunidades de conocimiento — son grupos de interés que compiten por el control del mercado y el estatus social. Y para proteger ese control, emplean lo que Saks llama el "cierre excluyente": la estrategia de delimitar fronteras de conocimiento para monopolizar un mercado de servicios mediante credenciales especializadas, descalificando la incursión de otras disciplinas en su territorio.

Visto desde esta perspectiva, la separación entre medicina humana y veterinaria no fue el resultado natural de la especialización. Fue el resultado de una competencia activa por el control de la investigación, las políticas públicas y el financiamiento. Una competencia que los médicos ganaron — y que dejó a los veterinarios en una posición estructuralmente subordinada que persiste hasta hoy.


"Los silos disciplinares no son accidentes históricos. Son el resultado de grupos profesionales que compitieron por recursos, estatus y autoridad — y algunos ganaron."

La construcción histórica de la jerarquía

La separación no ocurrió de golpe. Fue un proceso gradual que puede rastrearse con precisión.

En la era premoderna, la medicina era efectivamente "una". El humoralismo — la teoría de los cuatro humores que estructuró la medicina occidental durante siglos — se aplicaba indistintamente a humanos y animales. El entorno era central: los Aires, las Aguas y los Lugares de Hipócrates eran determinantes de la salud de cualquier especie. Figuras como Hunter y d'Azyr usaron la anatomía comparada para identificar procesos biológicos universales. La idea de que humanos y animales estaban formados "bajo un mismo plan general" no era una metáfora filosófica — era el marco conceptual dominante.

Las primeras escuelas veterinarias, fundadas en Lyon en 1762 y en Alfort en 1777, fueron creadas y dirigidas por médicos. No porque los veterinarios no existieran, sino porque los médicos consideraban la medicina animal como una rama de su propio dominio. La veterinaria nació, institucional y jerárquicamente, subordinada a la medicina humana.

El quiebre llegó en 1844, cuando los veterinarios del Colegio Veterinario de Londres lograron controlar sus propios exámenes profesionales. Era un avance en autonomía — pero también el inicio de una separación institucional que se profundizaría con el tiempo. Los médicos, lejos de retirarse del campo, intensificaron sus investigaciones en patología animal bajo el estandarte de la medicina convencional, acusados en algunos círculos de "robar pacientes animales" para sus estudios epidemiológicos.

La teoría de los gérmenes — la revolución bacteriológica de Pasteur y Koch — hizo el resto. Al identificar agentes infecciosos específicos como causas de las enfermedades, desplazó el factor ambiental del centro del análisis clínico. La enfermedad dejó de ser una expresión del desequilibrio entre organismo y entorno para convertirse en la consecuencia de una invasión microbiana. El contexto ecológico — que había unido a médicos y veterinarios en la tradición de la medicina comparada — se volvió, técnicamente, irrelevante.

Las estructuras institucionales siguieron esa lógica. Se crearon ministerios de salud separados de los ministerios de agricultura. Los sistemas de vigilancia epidemiológica se desarrollaron en paralelo, sin mecanismos de intercambio. Los presupuestos de investigación se asignaron a instituciones que no se hablaban. Y los médicos, con mayor estatus político y social, asumieron el control de la política pública de salud, dejando a los veterinarios en roles de inspección técnica y sanidad agrícola.


La paradoja del animal como modelo

El siglo XX añadió una dimensión adicional a esta separación: la estandarización del animal de laboratorio.

En la medicina comparada del siglo XIX, los animales eran estudiados como seres diversos en ambientes compartidos con los humanos. Su variedad era una fortaleza epistemológica: comparar cómo diferentes especies respondían a las mismas enfermedades revelaba mecanismos biológicos que ninguna especie sola podía mostrar. Esa era exactamente la tradición de Virchow y Osler.

En el siglo XX, la lógica de la producción industrial penetró en la ciencia biomédica. En lugar de estudiar la diversidad de especies, los laboratorios adoptaron un puñado de organismos estandarizados — principalmente ratones consanguíneos — como modelos universales del cuerpo humano. La diversidad animal, que había sido una fortaleza, se convirtió en un "factor de confusión" que había que eliminar para producir resultados reproducibles.

El animal dejó de ser un paciente — o un ser con salud propia — para convertirse en una herramienta. Y esa transformación conceptual tuvo consecuencias profundas: si los animales son herramientas funcionales del laboratorio médico, la salud animal como campo autónomo pierde relevancia. Lo que importa es lo que el animal revela sobre el humano.

La historia tiene, sin embargo, una paradoja que los investigadores han documentado con precisión: a finales del siglo XX, las tecnologías desarrolladas originalmente en animales — la insulina, la cirugía ortopédica, los protocolos de quimioterapia — comenzaron a informarse por ensayos clínicos en humanos para su aplicación en mascotas. Los humanos se convirtieron, efectivamente, en los "modelos" para la medicina veterinaria clínica. Las fronteras son porosas. Pero siguen siendo desiguales.


"La diversidad animal pasó de ser una fortaleza epistemológica a un factor de confusión que había que eliminar. Esa transformación conceptual no fue solo científica — fue política."

El costo de la asimetría: el caso de Filipinas

Los informes técnicos son útiles. Pero a veces una sola cifra lo dice todo.

En Filipinas, el presupuesto del Departamento de Salud para el control de la rabia alcanzó los 900 millones de pesos filipinos en 2019. En el mismo año, el Departamento de Agricultura — responsable de la vacunación de los perros, el reservorio primario del virus — recibió 8 millones de pesos para la adquisición de vacunas animales.

La rabia es una enfermedad que se previene vacunando perros. Sin vacunas para perros, no hay control de la rabia en humanos. La lógica de One Health es, en este caso, matemáticamente obvia: la inversión en salud animal es inversión en salud humana. Pero la jerarquía institucional asignó cien veces más recursos al sector que trata los síntomas que al sector que podría prevenir la causa.

Esto no es una anomalía filipina. Es la expresión local de una asimetría global: los sectores de salud humana dominan los presupuestos, las agendas políticas y los criterios de evaluación. El sector animal y el ambiental son estructuralmente subordinados — no porque sean menos importantes para la salud global, sino porque históricamente tienen menos poder de negociación institucional.


Los curanderos que el sistema ignoró

Hay otra dimensión de la gobernanza que los informes técnicos capturan con una claridad que merece ser subrayada.

En Filipinas, los practicantes de tandok y tawak — curanderos tradicionales — tienen una influencia social tan significativa que, cuando una persona sufre una mordedura de perro, frecuentemente los consulta antes de buscar atención médica formal. Desde la perspectiva biomédica, ese retraso puede ser fatal: la rabia no tiene tratamiento una vez que los síntomas aparecen. La profilaxis post-exposición debe administrarse tan pronto como sea posible.

La respuesta inicial del sistema fue intentar desplazar a estos curanderos — educar a la población para que los ignorara y buscara atención médica directamente. Los resultados fueron limitados. La confianza en el sistema formal de salud no se construye con campañas de información. Se construye con relaciones.

La respuesta que demostró mejores resultados fue diferente: capacitar a los curanderos tradicionales como agentes de referencia — personas que, al recibir a alguien con una mordedura, supieran identificar la urgencia y orientar hacia el tratamiento formal. No desplazarlos, sino integrarlos.

Es un ejemplo pequeño. Pero ilustra con precisión uno de los principios sociológicos más importantes de la implementación de One Health: la gobernanza que ignora las estructuras de poder y confianza que ya existen en las comunidades no las elimina — simplemente las deja fuera del sistema, donde continúan operando sin coordinación.


Una nota sobre los "testaferros retóricos"

Los informes del Notebook 4 incluyen una observación crítica que merece ser mencionada con honestidad: el uso de figuras históricas como Virchow y Osler para legitimar One Health puede ser, en parte, una estrategia retórica más que histórica.

Un análisis riguroso sugiere que Virchow y Osler operaban bajo agendas de estatus profesional y marcos científicos muy distintos a la transdisciplinariedad moderna. Su "medicina una" era, en gran medida, asimétrica: estudiaban animales para entender humanos, no para proteger la salud animal como fin en sí mismo. Celebrarlos como pioneros de One Health es, en cierta medida, proyectar hacia el pasado valores que son genuinamente contemporáneos.

Esto no invalida su contribución intelectual. Pero sí sugiere que One Health, como práctica integrada real, es un fenómeno reciente — nacido de coaliciones de bioseguridad, organismos internacionales y la acumulación de crisis zoonóticas que el modelo anterior no supo gestionar. La genealogía histórica es real, pero el paradigma operativo es nuevo. Y reconocerlo así lo hace más honesto, no más débil.


La gobernanza que aprende

¿Qué condiciones permiten que One Health transite de paradigma académico a práctica institucional real?

Los informes técnicos del Notebook 4 apuntan a tres condiciones que la evidencia muestra como necesarias — aunque no suficientes — para que esa transición ocurra.

La primera es el mandato legal. El caso más documentado es la Ley Anti-Rabia de Filipinas de 2007 — la República Act 9482 — que obligó a una respuesta multiagencia involucrando salud, agricultura, educación e interior. Sin ese mandato legal, la colaboración depende de la voluntad individual de funcionarios que rotan, de presupuestos que varían y de prioridades políticas que cambian. Con él, la intersectorialidad deja de ser opcional. El proyecto "Rabies-Free Visayas", que entre 2009 y 2013 logró el mayor esfuerzo de eliminación de rabia en la historia del país mediante vacunación masiva de perros bajo un modelo de colaboración internacional, fue posible porque existía ese marco legal.

La segunda condición es la interoperabilidad de los sistemas de información. En Filipinas, el NaRIS — el sistema de registros de mordeduras humanas del Departamento de Salud — y el PhilAHIS — el sistema de salud animal del Departamento de Agricultura — operan en silos tecnológicos separados. Un médico que trata una mordedura de perro no tiene acceso en tiempo real a la información sobre el estado de vacunación de los animales en esa zona. Un veterinario que registra un brote no puede ver directamente los casos humanos asociados. La gobernanza integrada requiere que esos sistemas conversen — y esa conversación tecnológica es, en la práctica, tan difícil como la conversación institucional.

La tercera condición es la redistribución del poder de decisión. La Recomendación 6 de la Red de Ciudades Saludables de la OMS es explícita: los comités de dirección deben asegurar que los sectores veterinario y de seguridad alimentaria tengan el mismo poder de decisión que el sector médico. No como aspiración — como criterio de gobernanza evaluable. Mientras la asimetría de poder persista en las estructuras formales de toma de decisiones, One Health seguirá siendo una retórica de integración con una práctica de jerarquía.


"La gobernanza que ignora las estructuras de poder y confianza que ya existen en las comunidades no las elimina — simplemente las deja fuera del sistema."

El eslabón perdido: el liderazgo local

Hay una conclusión que emerge con consistencia de todos los casos documentados en el Notebook 4: el liderazgo local es el eslabón perdido en la arquitectura de la salud global.

Los marcos internacionales — el Joint Plan of Action de la Cuadripartita, los Principios de Manhattan, los Principios de Berlín — establecen visiones y compromisos. Pero la rabia se controla o no se controla en un municipio específico, con un presupuesto específico, bajo el liderazgo de un ejecutivo local que puede o no comprometerse con la causa. La "fatiga de donantes" que limita el financiamiento sostenible, la rotación de personal que erosiona la memoria institucional, la intervención política que altera los protocolos técnicos según calendarios electorales — todos estos fenómenos ocurren en el nivel local.

La gobernanza multinivel de One Health — que opera simultáneamente en escalas locales, subnacionales, nacionales e internacionales — no puede funcionar si el nivel local es el más débil. Y la evidencia sugiere que, con frecuencia, lo es.

La OMS propone las "economías del bienestar" como marco para revertir esa debilidad: modelos de financiamiento que no sacrifiquen la equidad por la eficiencia, que protejan la inversión en salud animal como inversión en salud pública, y que midan el éxito no solo por la ausencia de patógenos sino por la resiliencia socio-ecológica de las comunidades.

Es un marco prometedor. Y es también, hasta ahora, mayormente aspiracional.


Lo que la Parte 1 mostró es que el problema es real. Lo que la Parte 2 mostró es que la respuesta institucional existe. Lo que la Parte 3 mostró es que detrás de esa respuesta hay una filosofía. Lo que la Parte 4 muestra es que entre la filosofía y la práctica hay una sociología — estructuras de poder, jerarquías profesionales, asimetrías presupuestarias y dinámicas comunitarias que ningún documento institucional resuelve por sí solo.

One Health no fracasa por falta de ideas. Tiene ideas extraordinarias. Fracasa, cuando fracasa, porque las ideas deben abrirse paso a través de instituciones que fueron construidas para hacer exactamente lo contrario.

En la Parte 5 exploraremos los mecanismos biológicos concretos que documentan la interdependencia entre ecosistemas y salud humana — la evidencia científica que convierte la filosofía en datos medibles.


Referencias

Esta es la lista de referencias en formato APA basada exclusivamente en las fuentes documentales utilizadas para la elaboración de los informes y el análisis sociológico de One Health en este notebook:

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  • Department of Health & Department of Agriculture, Philippines. (2020). National Rabies Prevention and Control Program: Strategic Plan 2020-2025. World Organisation for Animal Health (WOAH).
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  • Strupat, C., Yasobant, S., Srigiri, S., & Subramanian, S. (2025). Overcoming silos for One Health: Key determinants of One Health governance platforms in low- and lower-middle-income countries (IDOS Discussion Paper 13/2025). German Institute of Development and Sustainability (IDOS).
  • World Health Organization Regional Office for Europe. (2023). Operationalizing One Health at city level: Local-level policy recommendations. IRIS.

Este artículo es la cuarta parte de la serie "One Health: una sola salud para un solo planeta"
de Medicina Ecosistémica


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