julio 18, 2026

One Health: una sola salud para un solo planeta - Séptima Parte

One Health: una sola salud para un solo planeta - Séptima Parte

Las tensiones del paradigma — lo que One Health todavía no resuelve


Hay una prueba de madurez intelectual que cualquier paradigma debe superar tarde o temprano: la capacidad de mirarse a sí mismo con la misma honestidad con que mira al mundo que pretende transformar.

Las seis partes anteriores de esta serie construyeron el caso a favor de One Health — su historia, su filosofía, su sociología, sus mecanismos biológicos, su evidencia de impacto. Es un caso sólido. Pero sería deshonesto presentarlo sin lo que los propios investigadores del campo han documentado con rigor creciente: las contradicciones internas, los límites estructurales y las tensiones no resueltas que determinan si One Health será una revolución o una reforma con mejor vocabulario.

Esta parte no es una crítica externa al paradigma. Es una lectura desde adentro — desde los investigadores, activistas y pensadores que trabajan dentro del campo y que han elegido señalar sus propias fallas precisamente porque les importa lo que el paradigma promete.


La contradicción que el paradigma no ha resuelto

One Health declara que la salud humana, animal y ecosistémica tienen igual peso. Es su principio fundacional. Y es también donde la distancia entre la teoría y la práctica es más visible.

Los investigadores tienen un nombre para esa distancia: deriva antropocéntrica. En la práctica, los objetivos de One Health se desplazan sistemáticamente hacia lo biomédico, subordinando la salud animal y ambiental a la gestión de riesgos para las poblaciones humanas. Los animales y los ecosistemas no son tratados como sujetos de salud con valor propio — son tratados como vectores, reservorios o amortiguadores de infección humana. El lenguaje es técnico. La implicación ética es clara: lo que importa es lo que le pasa al humano. Los demás son instrumentos.

Esa instrumentalización tiene consecuencias concretas. Ante brotes zoonóticos — influenza aviar, rabia, Nipah — la respuesta estándar sigue siendo el sacrificio masivo de animales. La decisión prioriza la reducción del riesgo humano inmediato sobre el bienestar animal o la integridad del ecosistema. Es una jerarquía de valores que no ha cambiado desde el paradigma anterior. Solo ha cambiado el vocabulario con que se justifica.

El desequilibrio se mide también en datos. Una auditoría de estudios epidemiológicos encontró que el 97% de los trabajos publicados bajo el marco One Health incluyen el componente de salud humana. Solo el 35% incluyen el componente ambiental. Las plantas — formalmente incorporadas en la definición del OHHLEP en 2022 — están prácticamente ausentes en la literatura y en los planes de acción nacionales.


"El 97% de los estudios One Health incluyen salud humana. Solo el 35% incluyen el componente ambiental. La brecha entre el principio de equivalencia y la práctica es medible — y es enorme."

One Health washing: cuando el nombre se convierte en escudo

Hay un fenómeno que los investigadores han comenzado a documentar con creciente preocupación y que tiene nombre propio: One Health washing.

El término describe el uso del paradigma como maquillaje institucional — la re-etiquetación de investigaciones monodisciplinarias tradicionales bajo el nombre de One Health sin que haya ocurrido ninguna integración real entre sectores. Programas de "cazadores de virus" que secuencian patógenos sin considerar los componentes ecológicos o sociales de su emergencia. Ministerios que adoptan el lenguaje de One Health en sus documentos de política sin modificar sus presupuestos ni sus protocolos de coordinación. Instituciones que usan el término para acceder a financiamiento sin cambiar nada de lo que hacen.

El problema no es solo retórico. Cuando el nombre se convierte en un escudo que protege el business as usual, el potencial transformador del paradigma se disuelve. Y lo que queda es la misma lógica de silos con una capa de vocabulario integrador encima.

La pregunta incómoda que los investigadores más críticos hacen es si esa cooptación es un accidente o una tendencia estructural. Y la evidencia disponible sugiere que es, al menos en parte, estructural: las instituciones que más se benefician del paradigma anterior tienen todos los incentivos para adoptar el nombre de One Health y ninguno para adoptar su sustancia.


Los intereses que moldean la agenda

Hay actores con poder suficiente para moldear lo que One Health prioriza — y documentar su influencia es parte del trabajo crítico que el campo ha comenzado a hacer.

La industria farmacéutica ha orientado la agenda de One Health hacia el desarrollo de contramedidas médicas: vacunas, diagnósticos, terapias. Esas intervenciones son necesarias. Pero también son sujetas a regímenes de propiedad intelectual que benefician desproporcionadamente a corporaciones del Norte Global, y desplazan la inversión en prevención primaria — el abordaje de los impulsores socio-ecológicos de las enfermedades que One Health dice querer atacar. Se ha documentado que empresas farmacéuticas y asociaciones del sector animal financian estudios que minimizan el riesgo de la resistencia antimicrobiana de origen agrícola, o sugieren que "se necesita más investigación" para retrasar medidas regulatorias.

La industria agropecuaria opera de manera similar. El modelo de ganadería industrial prioriza la eficiencia de costos sobre el bienestar animal, lo que conduce al uso excesivo de antibióticos en condiciones de hacinamiento. Cuando se intenta regular ese uso, las organizaciones agrícolas emplean tácticas que los investigadores han comparado explícitamente con las de la industria del tabaco: desviar el debate, cuestionar la ciencia, lanzar campañas publicitarias que confunden al consumidor mientras se mantienen las prácticas que generan el problema.

Estos no son actores externos que atacan a One Health desde afuera. Son actores que han aprendido a operar dentro del paradigma — adoptando su lenguaje, participando en sus foros, financiando su investigación — mientras preservan las estructuras que el paradigma dice querer transformar.


"Las industrias que más tienen que perder con One Health son también las que han aprendido a hablar su lenguaje. Esa es quizás la tensión más difícil de resolver."

El Sur Global: datos sin agenda

Hay una geografía del poder en One Health que sus propios investigadores han comenzado a cartografiar con precisión.

El paradigma se desarrolló en el Norte Global. Sus instituciones fundacionales — la OMS, la FAO, la OIE, los grandes centros de investigación — están ancladas en el Norte. Sus agendas de investigación son diseñadas en el Norte, frecuentemente orientadas hacia la seguridad sanitaria de las poblaciones del Norte: la detección temprana de patógenos emergentes que podrían cruzar fronteras hacia países ricos. El Sur Global aparece en esa arquitectura principalmente como proveedor de datos y sujetos de estudio — los brotes ocurren ahí, los virus se secuencian ahí, los ensayos se realizan ahí. Pero el control de la agenda, la propiedad intelectual de los resultados y los beneficios de las intervenciones fluyen predominantemente hacia el Norte.

Investigadores como Obinna Oleribe en Nigeria han documentado lo que llaman neocolonialismo médico: investigaciones diseñadas en el Norte para el Sur con estándares éticos inferiores a los que se aplicarían en países desarrollados. Los casos históricos son conocidos — ensayos de zidovudina en mujeres con VIH en África y Asia — pero el patrón persiste en formas más sutiles en la investigación actual.

La cooptación de saberes indígenas sigue la misma lógica. El principio de Two-Eyed Seeing — la visión con dos ojos que integra el conocimiento indígena y occidental de manera paritaria — aparece citado con frecuencia creciente en los documentos de One Health. Pero la implementación real ha sido frecuentemente extractiva: los sistemas indígenas son utilizados para mejorar la vigilancia epidemiológica sin reconocer los derechos territoriales de las comunidades que los generaron, sin garantizar que los beneficios regresen a esas comunidades, sin cuestionar el marco occidental que decide qué conocimiento es válido y qué no.

Desde América Latina, Oswaldo Santos Baquero ha desarrollado el concepto de "Una Salud de las Periferias" — una reformulación que pone en el centro a las poblaciones marginadas y cuestiona los aparatos de marginalización que definen quién puede y debe estar sano. Desde Australia, Tamara Riley presenta modelos de One Health Indígena que centran las culturas y valores tradicionales en lugar de incorporarlos instrumentalmente. Desde Honduras, Benny Andrade-Arita documenta el impacto de marcos alimentarios basados en soberanía que incorporan dimensiones — solidaridad, soberanía, satisfacción — sistemáticamente ausentes del discurso global de One Health.


Versión corporativa vs. versión transformadora

Hay dos maneras de entender One Health que coexisten dentro del mismo nombre — y la tensión entre ellas determina qué es realmente el paradigma en la práctica.

La versión corporativa

Es antropocéntrica y utilitaria. Se centra en la mitigación de riesgos para los humanos y en el retorno de inversión. Usa métricas económicas convencionales. Mantiene la separación entre cultura humana y naturaleza.

Prioriza las contramedidas médicas sobre los cambios estructurales. Durante el brote de influenza aviar H5N1 en el sudeste asiático, la respuesta dominante fue el desarrollo acelerado de vacunas para humanos y el sacrificio masivo de aves. La industria farmacéutica canalizó los recursos hacia soluciones patentables con retorno comercial claro, mientras los impulsores estructurales del brote — la expansión de granjas industriales sin bioseguridad en zonas de alta densidad poblacional — quedaron sin abordar. El ciclo se repitió en el siguiente brote.

Es compatible con el agronegocio industrial. Grandes productores avícolas han participado activamente en foros de One Health adoptando su lenguaje — bienestar animal, uso responsable de antibióticos, vigilancia integrada — mientras mantienen sistemas de producción intensiva con altas densidades de animales, uso preventivo masivo de antimicrobianos y escasa transparencia en sus datos de resistencia. El lenguaje cambia; las prácticas no.

Mantiene los regímenes de propiedad intelectual que concentran los beneficios en el Norte. Durante la pandemia de COVID-19 — el evento que más financiamiento ha canalizado hacia la agenda de One Health — las vacunas desarrolladas con fondos públicos internacionales fueron patentadas por corporaciones del Norte, impidiendo que países de África y Asia desarrollaran capacidad de producción propia. La misma lógica opera en las contramedidas para zoonosis emergentes.

Usa métricas que hacen invisible lo que no es humano. Los DALYs — Años de Vida Ajustados por Discapacidad — son la métrica estándar para evaluar el éxito de las intervenciones de salud pública. Miden perfectamente el impacto sobre la salud humana. No tienen equivalente para medir la resiliencia ecosistémica, la diversidad microbiana del suelo o el bienestar de las poblaciones animales. Lo que no se mide no se financia. Lo que no se financia no cambia.


La versión transformadora

Propone algo cualitativamente diferente. No es una versión más ambiciosa de la misma lógica — es una lógica distinta.

Cuestiona los circuitos de capital que producen las enfermedades. En lugar de responder a los brotes después de que ocurren, la versión transformadora pregunta por qué ocurren. Y la respuesta apunta a la expansión de la ganadería industrial hacia ecosistemas frágiles, a la deforestación impulsada por cadenas de suministro globales, a la intensificación agrícola que destruye la biodiversidad del suelo. Abordar esas causas requiere cambios en las estructuras económicas que las producen — no solo en los protocolos sanitarios que gestionan sus consecuencias.

Aboga por la soberanía alimentaria y la agroecología. El modelo 7S — Saludable, Sostenible, Seguro, Social, Soberano, Solidario y Satisfactorio — desarrollado en contextos latinoamericanos propone que los sistemas alimentarios sean evaluados no solo por su productividad o su seguridad sanitaria, sino por su capacidad de sostener comunidades, proteger ecosistemas y respetar la autonomía de los pueblos que los gestionan. Es una métrica que la versión corporativa no tiene instrumentos para capturar.

Reconoce derechos morales intrínsecos a los animales y ecosistemas. En lugar de proteger a los animales porque son reservorios de patógenos que amenazan a los humanos, la versión transformadora propone protegerlos porque tienen valor propio. Eso implica, por ejemplo, que el sacrificio masivo de aves como primera respuesta ante un brote de influenza aviar no es una solución aceptable — es un síntoma del mismo problema que One Health dice querer resolver.

Exige que el conocimiento indígena sea co-creado, no extraído. Comunidades indígenas en la Amazonía llevan generaciones monitoreando la salud de sus ecosistemas con una sofisticación que ningún programa de vigilancia epidemiológica formal ha igualado. El Amazon Conservation Team ha documentado cómo ese conocimiento territorial puede detectar perturbaciones ecosistémicas — y por tanto riesgos de spillover — antes de que los sistemas formales los registren. La versión transformadora no extrae ese conocimiento para incorporarlo instrumentalmente: co-diseña con las comunidades los sistemas de vigilancia, garantiza que los beneficios regresen al territorio y reconoce la soberanía sobre los datos generados.

Propone una justicia multiespecie que no subordina lo no humano a la conveniencia humana. La "Una Salud de las Periferias" de Santos Baquero no es solo una crítica al Norte Global — es una propuesta de reordenamiento de las prioridades del paradigma que pone en el centro a los que históricamente han sido tratados como instrumentos: las comunidades marginadas, los animales, los ecosistemas. No como variables de gestión del riesgo humano, sino como sujetos con intereses propios que el paradigma tiene la obligación de respetar.


"La versión corporativa de One Health protege a los humanos de la naturaleza. La versión transformadora propone que los humanos aprendan a vivir dentro de ella."

Los vacíos que la evidencia no llena

Más allá de las tensiones políticas y filosóficas, hay un problema metodológico que los propios investigadores reconocen: la base empírica de One Health tiene vacíos significativos que limitan su capacidad de demostrar lo que promete.El gráfico hace visible lo que los números solos no logran transmitir. El 97% de los estudios epidemiológicos bajo el marco One Health involucran salud humana. Solo el 35% incluyen el componente ambiental. Las plantas son prácticamente invisibles — menos del 5%. El pilar más débil del paradigma es también el menos documentado. Se habla mucho de integración; la evidencia de esa integración en la práctica es escasa.

Los índices compuestos de evaluación — como el GOHI, Índice Global de One Health — han sido criticados por su diseño descendente, su falta de transparencia y su alta agregación. El problema específico es la inconmensurabilidad: los DALYs miden carga de enfermedad humana, pero no hay equivalente para medir resiliencia ecosistémica o bienestar animal. Cuando se agregan esas dimensiones en un solo índice, las tensiones entre ellas quedan ocultas. Una ganancia en salud humana puede implicar una pérdida en biodiversidad — y el índice no lo muestra.

Los investigadores proponen reformas concretas. La adopción obligatoria del Checklist COHERE para estandarizar el reporte epidemiológico integrado. El uso de la Teoría del Cambio del OHHLEP para evaluar procesos a largo plazo en lugar de métricas inmediatas. El desarrollo de ecosistemas de datos interoperables con estándares abiertos que eviten el extractivismo de información del Sur al Norte.


¿Reforma o revolución?

La pregunta que estructura este artículo — y que los investigadores más lúcidos del campo han comenzado a formular con precisión — es si One Health, tal como está actualmente configurado, puede producir la transformación civilizatoria que su filosofía promete.

Los optimistas ven en One Health lo que algunos han llamado "la Piedra de Rosetta de la salud": la clave para una convergencia que permitirá a la humanidad vivir de manera segura dentro de los límites planetarios. Señalan la creación de la Cuadripartita, la integración incipiente de la salud de las plantas, los ahorros financieros documentados, la Teoría del Cambio del OHHLEP con metas para 2035. Argumentan que el progreso es real aunque sea gradual, y que los paradigmas no cambian de golpe.

Los críticos responden que sin un cambio en la economía política global — sin desmantelar los silos institucionales, sin redistribuir el poder de agenda, sin cuestionar las estructuras del agronegocio industrial, sin reconocer genuinamente el valor intrínseco de los no humanos — One Health seguirá siendo una reforma incremental con lenguaje revolucionario. Y que la diferencia entre ambas cosas no es semántica: determina si el paradigma es una herramienta de transformación o una herramienta de legitimación del status quo.

El consenso dentro del campo es que los silos institucionales, la falta de financiamiento estable y la asimetría Norte-Sur son las barreras principales. El debate abierto — y probablemente irresoluble en el corto plazo — es si One Health puede o debe ser realmente igualitario entre humanos y no humanos, o si la prioridad moral humana es una jerarquía inevitable en cualquier sistema de salud practicable.

Esa es la tensión más honesta del paradigma. Y el hecho de que sus propios investigadores la formulen con esta claridad es, quizás, la señal más esperanzadora de que One Health tiene la capacidad de autocorregirse que los paradigmas más frágiles no tienen.

En la Parte 8 — la última de esta serie — exploraremos a dónde apunta todo esto: qué conclusiones emergen del conjunto, qué camino señala la evidencia, y qué significa tomarse en serio el paradigma como civilización.


Glosario

ASEAN: Association of Southeast Asian Nations — Asociación de Naciones del Sudeste Asiático. Bloque regional de cooperación política y económica.

Biocentrismo: Posición ética que otorga valor moral intrínseco a todos los seres vivos, no solo a los humanos.

Checklist COHERE: Herramienta metodológica que establece criterios estandarizados para el reporte de estudios epidemiológicos integrados bajo el enfoque One Health.

DALYs: Años de Vida Ajustados por Discapacidad. Métrica que combina años de vida perdidos por muerte prematura con años vividos con discapacidad. Usada ampliamente en salud pública, pero sin equivalente para medir resiliencia ecosistémica o bienestar animal.

Deriva antropocéntrica: Tendencia documentada por la cual los objetivos declarados de equivalencia entre salud humana, animal y ecosistémica en One Health se desplazan en la práctica hacia la priorización de la salud humana.

Ecocentrismo: Posición ética que otorga valor moral a los ecosistemas como totalidad, no solo a los organismos individuales.

Etuaptmumk: Principio Mi'kmaq de origen canadiense, también conocido como Two-Eyed Seeing o Visión con Dos Ojos. Propone integrar paritariamente el conocimiento indígena y la ciencia occidental.

GOHI: Global One Health Index — Índice Global de One Health. Herramienta compuesta que intenta cuantificar el grado de implementación del paradigma a nivel nacional e internacional. Ha sido criticado por falta de transparencia y alta agregación.

Justicia multiespecie: Marco ético que propone extender las consideraciones de justicia más allá de los humanos para incluir a los animales y los ecosistemas como sujetos de derechos y consideración moral.

One Health washing: Uso del término One Health como maquillaje institucional para re-etiquetar investigaciones o programas monodisciplinarios sin que haya ocurrido integración real entre sectores.

One Health de las Periferias: Concepto desarrollado por Oswaldo Santos Baquero que propone una reformulación del paradigma centrada en las poblaciones marginadas y en los procesos estructurales que generan vulnerabilidad sanitaria.

One Welfare: Marco complementario a One Health que integra explícitamente el bienestar animal y los determinantes sociales del comportamiento humano como ejes centrales de la salud global.

RAM: Resistencia Antimicrobiana. Capacidad de microorganismos de resistir los efectos de medicamentos antimicrobianos.

Soberanía alimentaria: Derecho de los pueblos a definir sus propios sistemas alimentarios y agrícolas, priorizando las necesidades locales sobre los mercados globales.

TEK: Traditional Ecological Knowledge — Conocimiento Ecológico Tradicional. Sistemas de saberes acumulados por comunidades indígenas y locales sobre sus ecosistemas a lo largo de generaciones.

Two-Eyed Seeing: Ver Etuaptmumk.


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Este artículo es la séptima parte de la serie "One Health: una sola salud para un solo planeta" de Medicina Ecosistémica


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