One Health: una sola salud para un solo planeta - Octava Parte
Conclusiones: la salud como propiedad del sistema
Hay una manera de terminar una serie como esta que sería fácil y deshonesta: con una visión utópica, con un llamado a la acción que suena bien pero no compromete nada, con la promesa implícita de que si todos hicemos lo correcto todo saldrá bien. Esta parte no va a hacer eso.
Lo que la evidencia acumulada en las siete partes anteriores permite es algo más interesante y más difícil: un diagnóstico honesto de dónde estamos, qué sabemos con certeza, qué es plausible y qué sigue siendo aspiración. Y desde ahí, una pregunta que vale la pena formular con precisión: ¿qué significaría tomarse en serio este paradigma como civilización?
Lo que sabemos con certeza
Hay afirmaciones en One Health que ya no son hipótesis. Son hechos documentados con niveles de evidencia que cualquier campo científico reconocería como sólidos.
El 60% de todas las enfermedades infecciosas humanas y el 75% de las enfermedades infecciosas emergentes tienen origen zoonótico. Eso no es una proyección ni una estimación — es el resultado de décadas de datos de carga global de enfermedad compilados por la OMS, el CDC y la WOAH. La interfaz entre los humanos y el mundo animal no es un margen del problema sanitario global. Es su centro.
La prevención en la fuente animal es económicamente superior a la respuesta en humanos. La vacunación masiva de perros para el control de la rabia en África e India muestra una relación beneficio-costo de 14:1. Una inversión anual de entre 10.300 y 11.500 millones de dólares en prevención integrada representa una fracción mínima frente a los billones que cuesta una pandemia post-derrame. La aritmética no es ideología — es contabilidad.
La salud no es un estado estático. Es una propiedad emergente de sistemas interconectados. Los microbiomas del suelo, las plantas, los animales y los humanos están en flujo constante — y cuando se degrada la diversidad microbiana del suelo por agricultura intensiva, esa degradación se propaga hacia arriba en la cadena, debilitando la inmunidad humana de maneras que la medicina clínica tradicional no tenía instrumentos para detectar.
La gobernanza integrada produce resultados que la gobernanza sectorial no puede producir. Los casos de Kenia, Australia, Dinamarca, Chad y Jaipur documentados en la Parte 6 no son anécdotas. Son evidencia operativa de que cuando los sectores convergen — con mandato legal, liderazgo político y datos compartidos — los resultados son medibles, replicables y superiores al modelo anterior.
"El 75% de las enfermedades infecciosas emergentes tienen origen zoonótico. Eso no es una hipótesis — es el centro del problema sanitario global, documentado durante décadas."
Lo que ha cambiado — y es difícil de revertir
Cuando One Health se formalizó en 2004 con los Principios de Manhattan, era una propuesta académica con escaso peso institucional. Veinte años después, la arquitectura sanitaria global es diferente — y algunas de esas diferencias son estructuralmente difíciles de deshacer.
La Cuadripartita — la alianza entre la OMS, la FAO, la OMSA y el PNUMA formalizada en 2022 — incorporó por primera vez la dimensión ambiental en la gobernanza sanitaria internacional como pilar equivalente, no como contexto. El Memorando de Entendimiento renovado en febrero de 2026 con vigencia hasta 2030 es un tratado marco de cooperación multilateral — no una declaración de intenciones.
El Plan de Acción Conjunto One Health 2022-2026 estableció seis vías de acción concretas con métricas de seguimiento. El Pandemic Fund del G20 condiciona el acceso a sus recursos a la existencia de marcos One Health en los países solicitantes. El Tratado de Pandemias de 2025 reconoció formalmente el enfoque como central para la preparación global. Estos cambios no desaparecen con un cambio de gobierno o un ciclo de financiamiento.
En el nivel nacional, países como Kenia, Nigeria, Tanzania y Ruanda han creado mecanismos de coordinación multisectorial respaldados políticamente — estructuras burocráticas con presupuestos y mandatos que son inherentemente más resistentes al cambio que las declaraciones de política. Los estándares de reporte epidemiológico — el Checklist COHERE — están siendo adoptados progresivamente como norma en la literatura científica. Los Principios de Ginebra de 2026 incorporaron a la sociedad civil y pueblos indígenas como actores obligatorios del paradigma.
Nada de esto garantiza que One Health cumplirá su promesa. Pero sí significa que el paradigma ha producido cambios institucionales reales que no son fáciles de ignorar.
Lo que el paradigma exige — y la evidencia confirma que es alcanzable
La diferencia entre un paradigma que inspira y uno que transforma está en las condiciones que lo hacen posible. Y la evidencia disponible es suficientemente específica como para nombrar esas condiciones con precisión.
La primera es la gobernanza policéntrica. No un ministerio que coordina a los demás — una arquitectura donde la autoridad sanitaria está distribuida en múltiples niveles y sectores, con mecanismos formales de rendición de cuentas compartida. La Unidad de Enfermedades Zoonóticas de Kenia es el caso más citado: una estructura permanente que opera fuera del ciclo de las crisis y tiene mandato para coordinar salud humana, animal y ambiental sin depender de la voluntad de funcionarios específicos.
La segunda es el financiamiento estructural. El "ciclo de pánico y negligencia" — fondos masivos durante la crisis, abandono entre crisis — es el patrón que más consistentemente sabotea la sostenibilidad de One Health. El antídoto no es más financiamiento de emergencia sino la integración del paradigma en los presupuestos nacionales estructurales, con líneas de inversión en prevención que no compiten con las de respuesta sino que las complementan.
La tercera es la interoperabilidad de datos. La coordinación sin datos compartidos es coordinación nominal. Los países que han avanzado más en la implementación real de One Health tienen en común algún mecanismo — formal o informal — por el que los datos de salud humana, animal y ambiental llegan al mismo lugar en tiempo útil. La plataforma CIPARS en Canadá — que vincula la vigilancia de resistencia antimicrobiana en humanos, animales de granja y medio ambiente — es el modelo más avanzado de lo que esa interoperabilidad puede producir: una reducción del 70-95% de genes de resistencia mediante tecnologías de tratamiento que solo son posibles cuando los datos fluyen entre sectores.
La cuarta es la educación transdisciplinaria. Los médicos, veterinarios y ecólogos formados en silos no colaboran naturalmente. Compartir competencias básicas en vigilancia conjunta y comunicación intersectorial desde la formación universitaria no es solo una reforma curricular — es la condición para que las generaciones futuras de profesionales de la salud operen con una lógica de integración que hoy es la excepción.
"One Health no exige utopía. Exige gobernanza policéntrica, financiamiento estructural, datos compartidos y educación transdisciplinaria. Son condiciones concretas — y hay casos documentados de que son alcanzables."
El camino civilizatorio — lo que señala la evidencia
Hay una pregunta que emerge de toda esta evidencia y que trasciende la salud pública: ¿qué implica One Health para la manera en que la civilización se relaciona con el planeta?
La respuesta que la evidencia apoya — no como ideología sino como conclusión empírica — es que el modelo de progreso basado en el extractivismo es sanitariamente insostenible. No porque sea moralmente incorrecto, sino porque produce enfermedades. La deforestación genera malaria. La ganadería industrial genera resistencia antimicrobiana. El comercio de fauna silvestre genera zoonosis. La contaminación del aire genera inflamación sistémica. La pérdida de biodiversidad del suelo debilita la inmunidad humana. Cada una de esas afirmaciones tiene respaldo empírico documentado en las partes anteriores de esta serie.
Lo que señala la evidencia no es un retorno romántico a la naturaleza preindustrial. Es una transición hacia sistemas que mantienen la productividad sin destruir los procesos ecosistémicos que hacen posible la salud. La agricultura regenerativa reduce el uso de antimicrobianos y preserva la diversidad microbiana del suelo sin sacrificar la seguridad alimentaria — hay casos piloto que lo demuestran. El urbanismo que evita la fragmentación de hábitats en las periferias reduce los puntos de contacto entre fauna silvestre y humanos — hay evidencia epidemiológica que lo confirma. La regulación estricta del comercio de fauna silvestre reduce el volumen de zoonosis potenciales transadas internacionalmente en un 72% — hay datos econométricos que lo cuantifican.
La Revolución Sanitaria del siglo XIX es el precedente histórico más citado. La implementación del alcantarillado, la regulación de la higiene pública, la transformación de las condiciones de vida urbana — cambios que parecían imposibles hasta que se volvieron inevitables — tomaron más de seis décadas en consolidarse y requirieron una afirmación sin precedentes del poder estatal para regular comportamientos privados en nombre de la salud pública. One Health no es menos ambicioso. Y los precedentes históricos sugieren que ese nivel de ambición, cuando está respaldado por evidencia suficiente y presión suficiente, eventualmente produce resultados.
El mundo en 2050: no utopía, sino resiliencia
Hay una proyección que los investigadores del campo formulan con cuidado pero con consistencia: existe un 50% de probabilidad de enfrentar otra pandemia zoonótica mortal antes de 2050. Esa presión biológica — no los documentos institucionales ni las declaraciones de principios — es el motor más poderoso para la adopción del paradigma.
Si One Health cumpliera su promesa antes de ese momento, el mundo en 2050 no sería un mundo sin enfermedades. Sería un mundo con una infraestructura de resiliencia integrada — la capacidad de detectar, contener y responder a las amenazas antes de que se conviertan en pandemias, y de reducir las condiciones que producen esas amenazas en primer lugar.
Concretamente: la gobernanza sanitaria estaría anclada en niveles supra-ministeriales con mandatos permanentes de coordinación. Los presupuestos nacionales incluirían líneas estructurales de inversión en prevención primaria. Los sistemas de vigilancia integrarían datos de salud humana, animal y ambiental en tiempo real. La educación médica y veterinaria compartiría competencias transversales. Los sistemas alimentarios habrían transitado progresivamente hacia la agroecología. El comercio de fauna silvestre estaría significativamente más regulado. La resistencia antimicrobiana se gestionaría con vigilancia armonizada en los tres dominios.
Lo que permanecería igual: la ciencia de 2050 probablemente seguirá sin poder predecir qué virus específico cruzará la barrera de especie, en qué lugar y en qué momento exacto. La naturaleza estocástica del spillover — la complejidad de los sistemas biológicos que producen esos eventos — está por encima de la capacidad predictiva que cualquier modelo puede alcanzar. El objetivo no es eliminar la sorpresa. Es reducir la vulnerabilidad ante ella.
Las preguntas que quedan abiertas
La honestidad intelectual del paradigma — que esta serie ha intentado mantener en cada parte — exige terminar no con certezas sino con preguntas. Porque las preguntas abiertas son el mapa de lo que falta por hacer.
¿Cómo se desarrollarán métricas consensuadas de "salud ecosistémica" que puedan disparar alertas sanitarias de la misma manera en que las tasas de mortalidad disparan respuestas en salud humana? Sin esas métricas, el pilar ambiental del paradigma seguirá siendo el más débil.
¿Cómo se mantendrá la cooperación internacional en un mundo con creciente nacionalismo sanitario y desconfianza en las instituciones multilaterales? One Health requiere coordinación global en un momento histórico donde esa coordinación está siendo cuestionada desde múltiples frentes.
¿Cómo cambian los comportamientos de producción — en la ganadería industrial, en el comercio de fauna, en el uso de antimicrobianos — cuando los incentivos económicos apuntan en dirección contraria? La ciencia sabe qué hay que cambiar. La economía conductual aún no tiene respuestas suficientemente sólidas sobre cómo producir ese cambio a escala.
¿Puede One Health ser genuinamente equitativo entre humanos y no humanos, o la prioridad moral humana es una jerarquía inevitable en cualquier sistema de salud practicable? Esa pregunta filosófica no tiene respuesta empírica — pero determina qué versión del paradigma construimos.
Y la más urgente: ¿cómo se desarrollan modelos de implementación One Health que funcionen en contextos de escasez, sin depender de infraestructuras tecnológicas del Norte Global, en las zonas del planeta donde el riesgo de spillover es más alto?
Lo que esta serie ha construido
Ocho partes. Una genealogía intelectual de ciento cincuenta años. Una filosofía de la interdependencia. Una sociología del poder y los silos. Mecanismos biológicos documentados. Evidencia de impacto verificable. Tensiones que los propios investigadores nombran con honestidad. Y ahora, conclusiones que no prometen lo que la evidencia no puede garantizar.
Lo que One Health propone, en su versión más honesta, es un cambio en la pregunta fundamental que la civilización hace sobre su relación con el mundo natural. No cómo proteger a los humanos de la naturaleza. Sino cómo participar en ella de manera que la salud — de todos sus habitantes — sea posible.
Esa no es una pregunta nueva. Virchow la formuló en el siglo XIX. Schwabe la sistematizó en el XX. Las crisis del SARS, el Ébola, el Nipah y el COVID-19 la volvieron urgente en el XXI. Lo que es nuevo es que hoy tenemos suficiente evidencia para responderla — no con certeza, pero sí con precisión suficiente para actuar.
La pregunta que queda es si actuaremos antes o después de la próxima pandemia. La historia de los paradigmas sugiere que los cambios más profundos ocurren después de las crisis que los hacen inevitables. One Health es la oportunidad de ser la excepción a esa regla.
Glosario
AMR: Antimicrobial Resistance — ver RAM.
CIPARS: Canadian Integrated Program for Antimicrobial Resistance Surveillance — Programa Canadiense Integrado de Vigilancia de Resistencia Antimicrobiana. Plataforma que vincula datos de resistencia en humanos, animales de granja y medio ambiente para rastrear genes de resistencia en tiempo real.
Cuadripartita: Alianza institucional formalizada en 2022 entre la OMS, la FAO, la OMSA y el PNUMA para la gobernanza integrada de One Health a nivel global.
EIE: Enfermedades Infecciosas Emergentes. Enfermedades que aparecen por primera vez en una población o que aumentan rápidamente en incidencia o distribución geográfica.
Exposoma: Conjunto total de exposiciones ambientales — químicas, biológicas, físicas y sociales — que experimenta un organismo a lo largo de su vida y que influyen en su salud e inmunidad.
Fronteras planetarias: Marco científico que define los límites dentro de los cuales la Tierra puede mantener condiciones estables para la vida. Cruzar esos límites genera riesgos sistémicos para la salud humana y ecosistémica.
Gobernanza policéntrica: Modelo de gobernanza donde la autoridad está distribuida en múltiples niveles y actores — locales, nacionales, internacionales — en lugar de centralizada en una sola institución.
OHHLEP: One Health High-Level Expert Panel — Panel de Expertos de Alto Nivel para One Health. Órgano asesor científico independiente creado para orientar estratégicamente a las organizaciones de la Cuadripartita.
OH JPA: One Health Joint Plan of Action — Plan de Acción Conjunto One Health 2022-2026.
PNUMA: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. También conocido como UNEP por sus siglas en inglés.
RAM: Resistencia Antimicrobiana. Capacidad de microorganismos de resistir los efectos de medicamentos antimicrobianos, incluyendo antibióticos.
Relación beneficio-costo 14:1: Estimación documentada del retorno económico de la vacunación masiva canina para el control de la rabia, comparada con el costo del tratamiento humano reactivo.
Spillover: Término técnico para el "derrame" o salto de un patógeno desde su reservorio animal hacia una nueva especie, incluyendo los humanos.
Zoonoética: Campo emergente que estudia las implicaciones éticas de las intervenciones sobre animales — incluyendo el sacrificio masivo — en el contexto de la salud pública y el paradigma One Health.
ZDU: Zoonotic Disease Unit — Unidad de Enfermedades Zoonóticas. Estructura de coordinación intersectorial implementada en Kenia como modelo de gobernanza One Health a nivel nacional.
Referencias bibliográficas
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- World Health Organization — WHO. (2026). One Health progress report.
- World Organisation for Animal Health — WOAH. (2024). One Health strategic framework.
Este artículo es la octava y última parte de la serie "One Health: una sola salud para un solo planeta" de Medicina Ecosistémica
Serie completa: One Health — una sola salud para un solo planeta
Parte 1 — Los orígenes de una idea que llegó antes de tiempo
Parte 2 — Qué es exactamente One Health
Parte 3 — La filosofía detrás del paradigma
Parte 4 — La sociología del paradigma
Parte 5 — Los mecanismos biológicos
Parte 6 — Lo que funciona
Parte 7 — Las tensiones del paradigma
Parte 8 — Conclusiones
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